Los fuegos que los diarios no vieron pasar
El 4 de octubre de 1986, el diario contaba que en Buenos Aires se habían robado un blindado que llevaba 1 millón de Australes, que por las gestiones del canciller Dante Caputo la familia de los soldados caídos podía viajar a Malvinas, y que gobernaba el país Raúl Alfonsín. Argentina ya era campeón del mundo con un Maradona todopoderoso, y River, aquella tarde, empataba 0 a 0 con Argentinos Juniors y clasificaba a la final de la Copa Libertadores de América. Cayó sábado, pero aquel día los diarios no contaban del disco que salía a la calle. De eso habla esta nota.
Naufragados de los años 70
Noche de noviembre, luna en cuarto menguante. La cita de miles, en Reconquista y Marcelo T. de Alvear: Paladium. Hay una oscuridad lúgubre cuando comienza a sonar la Obertura 1812 de Piotr Tchaikovsky. Se levanta el telón y a escena sale una banda de rock. Dos de los integrantes son naufragados de la generación de 1970, entre los beatniks-hippies y el compromiso político de Montoneros y la izquierda peronista.
Son unas cuantas cabezas psicodélicas y complejas organizadas por una mujer: Carmen «Poly» Castro. Ella es la mánager de la banda, la primera que apuesta en salir de La Plata para ingresar en el under de la noche porteña.
El que toma el micrófono es pelado (cuando los rockers usan pelo largo o raros peinados nuevos) y además enfrenta al público en mangas de camisa. Carlos Alberto Solari nació en Paraná, aunque vivió entre La Plata y Valeria del Mar. Escritor de guiones de cine y lector voraz: Kerouac, Capote, Artaud, Schwob, Céline, Alberdi, Ugarte y Marechal anidan en su biblioteca. Además, discos de Frank Zappa, Bob Dylan, The Who.
El otro usa vincha y tiene dedos largos de pianista: Eduardo «Skay» Beilinson. Nacido en La Plata, viajó a Europa y formó parte de las agitadas jornadas del Mayo Francés de 1968. Después de ir preso un par de días, con su hermano partió a Londres; allí compró una pedalera y una viola: desde aquellos tiempos, nunca más dejaría de tocar.
Suenan los primeros acordes. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota estrenan su segundo disco: Oktubre. Conceptualmente, frente al capitalismo imperante y la nueva derecha que gobernará a escala mundial, aún desde el título se reivindica a la primera revolución socialista del mundo: la Revolución Rusa de 1917.

Fuegos de Octubre
Nueve canciones y algo más de 40 minutos de un sonido denso, groove, donde pareciera que no habrá buenas noticias —tal vez anticipando al fallido Plan Primavera alfonsinista y la no tan lejana hiperinflación— es el clima del disco.
Años más tarde, al reflexionar sobre la concepción del álbum en su libro autobiográfico Recuerdos que mienten un poco, el propio Indio Solari recordaría:
«Oktubre tiene como planteo básico alinearse en cualquier dinámica que escape de la lectura posmodernista. El posmodernismo es una lectura pseudofilosófica nacida en la misma usina de la industria… Para mí, el concepto en Oktubre era rendir tributo a las revoluciones y a las muchedumbres que las hicieron posibles».
«Cuando el entretenimiento se volvió el modo predilecto del control social y la fragmentación individualista amenaza con tapar cualquier vestigio de colectividad, la poética ricotera sigue operando como un antídoto».
A 40 AÑOS DE OKTUBRE.
En Canción para Naufragios, la lírica sentencia: «Ya no estás solo / Estamos todos en naufragar». Es premonitorio: ¿cuántos van a naufragar en la Argentina menemista? El naufragio económico y social de la década de 1990 va a ser un viaje sin rumbo para gran parte de la sociedad. También la idea de náufrago atraviesa la historia del rock nacional (recordemos que La Balsa, primera canción del rock en castellano, dice: «con mi balsa yo me iré a naufragar»). Mientras por aquellos años Fito Páez gritaba «Buen día Lexotanil» en Ciudad de pobres corazones, aludiendo a las pastillas, Fuegos de Octubre, Preso en mi Ciudad y Música para Pastillas son las primeras tres canciones de este disco con sonido post-punk. La canción 7 iba a quedar para siempre en el folclore rockero: Jijiji, o el pogo más grande del mundo. Y cierra con el track 9, Ya nadie va a escuchar tu remera.
La distopía y la «Divina TV Führer»
Presagiando un mundo hipermediatizado nos encontramos con Divina TV Führer: «¡Divina TV Führer mi amor! / donde quiera que vaya, Eveready estará». A principios de la década del 80, el magnate estadounidense Ted Turner funda la primera cadena de noticias de 24 horas de transmisión, la CNN. Ahora, jugando con la atmósfera de esta canción, hay una televisión que proyecta todo el tiempo. Omnipresente: no se escucha, pero está, con sus zócalos periodísticos como cuando actualmente nos sentamos en un bar, con la TV de fondo, con sus zócalos que anuncian «lo que pasa».
Sobre esta visión profética y la carga oscura del trabajo en el estudio, Solari reveló en sus conversaciones con Marcelo Figueras:
«Teníamos una mirada muy crítica y distópica del futuro que se venía. Sentíamos que el sistema estaba licuando todas las utopías y que el entretenimiento se convertía en una forma de dominación más sofisticada. Oktubre fue la respuesta estética a esa sensación de encierro y manipulación».
Hoy podríamos decir: entrás en tu celular a las redes sociales, te tirás en su sillón a ver Netflix o Amazon y, desprevenido como estaría un ciego, sos inducido a incorporar valores políticos, comerciales y culturales, todo desde el entretenimiento. «Esta es la peor cita, es una cita a ciegas», aclara el track. Bienvenidos y bienvenidas ante un imperio más sutil y sofisticado, con más satélites que ejércitos.
El linaje ricotero
Willie Crook en saxo, el Piojo Ábalos en batería, Tito Fargo en segunda guitarra, Skay Beilinson en la primera, el cordobés Daniel Fernando Bucciarelli en bajo, y Daniel Melero invitado en teclados; la producción ejecutiva de Carmen «Poly» Castro y Rocambole como el responsable del arte de tapa. Una banda fundamental que acompañaba al Indio Carlos Solari, voz y productor artístico de la obra.
A cuatro décadas de un disco que combate conceptualmente el giro de época, la sociedad fragmentada e individualista y la economía de libre mercado salvaje en nuestra América y la Argentina, tal vez no esté mal recordar aquellos fuegos de Oktubre.
La trinchera intacta
A cuatro décadas de su salida, Oktubre ya no es solo el diario de una época que crujía entre el fin de las utopías del siglo XX y el avance de un mercado sin piedad. Es, fundamentalmente, un mapa de supervivencia. Cuando el entretenimiento se volvió el modo predilecto del control social y la fragmentación individualista amenaza con tapar cualquier vestigio de colectividad, la poética ricotera sigue operando como un antídoto.
Los diarios de aquel sábado de 1986 ignoraron la bomba de tiempo que acababa de llegar a las disquerías. No sabían que, cuarenta años después, en un país que insiste en naufragar, la única certeza colectiva sigue estando en reunirse alrededor de la música, cruzar las miradas en el pogo y encender, de nuevo, los mismos fuegos.





