El oficialismo el mileísmo parece haberse creído novedosa, rupturista a través de un lenguaje soez, discursos ofensivos, odiadores, que atacan a los opositores y desprecian la formalidad, las convenciones y celebran la correción política.
Sin embargo, para entender el fenómeno que hoy encabeza Javier Milei en la Argentina, es necesario viajar ocho décadas al pasado y cruzar el Atlántico. En la Italia devastada tras la Segunda Guerra Mundial nació el cualunquismo, una corriente que exaltaba al «hombre común» y declaraba la guerra a la clase política tradicional.
EL HOMBRE CUALQUIERA
L’Uomo Qualunque (El Hombre Cualquiera o El Hombre Común), un periódico semanario fundado en Roma en noviembre de 1944 por el dramaturgo y periodista Guglielmo Giannini. Guglielmo viviió en Nápoles, y ejerció varios oficios desde albañil hasta vender en una tienda de telas. Faltaban seis meses para el fin de la guerra, sin embargo el país estaba destruido por la contienda y además será ocupado por los aliados, un elemento más es la caída del «duce», Benito Mussolini y con él su modelo de estado fascista. Estrategia de Giannini fue aprovechar a su favor el descontento generalizado de la sociedad.
Para el cualunquismo, la diferencia entre la dictadura fascista y la nueva democracia de los partidos tradicionales era mínima: ambos sistemas eran percibidos como maquinarias parasitarias diseñadas para mantener a «los profesionales de la política» a expensas del ciudadano de a pie.
Las ideas clave de la antipolítica italiana
Para este movimiento, el Estado es un simple administrador El cualunquismo sostenía que el Estado no debía tener ideología ni moral; debía limitarse a ser un mero «contador» que cobrara pocos impuestos y preste servicios básicos sin adoctrinar.Otro eje es el desprecio por las ideologías: niegaba tanto al comunismo como a la democracia cristiana, promoviendo una mirada utilitaria y desconfiada de lo colectivo.Para el cual postulaba que el político siempre miente y que el «hombre común» solo quiere que el gobierno no lo moleste. ¿Quienes comenzaron a seguir este movimiento?. Aquellos escépticos de la política, comerciantes, y hombres y mujeres de profesiones pequeño burgueses.
El «cualunquismo criollo»: del cansancio social al ascenso de advenedizos
Casi un siglo después, las coordenadas del cualunquismo italiano encuentran un eco perfecto en el escenario argentino actual. El mileísmo floreció sobre las ruinas de una crisis socioeconómica prolongada y el desencanto masivo con las coaliciones tradicionales. Sin embargo, en esta versión sudamericana, el «hombre común» mutó en el «argentino de bien» o «los leones».
Esta matriz antipolítica trajo consigo una consecuencia predecible: la degradación de la representación parlamentaria. Bajo el paraguas de la lucha contra la «casta», las puertas de las instituciones democráticas se abrieron para una masa heterogénea de arribistas, figurines de redes sociales, influencers y advenedizos sin formación técnica ni trayectoria pública.
El único mérito requerido para alcanzar una banca de diputado o un alto cargo ministerial dejó de ser la idoneidad o la preparación, pasando a ser la obediencia ciega al líder y la capacidad de replicar consignas agresivas en plataformas digitales. Antes el cualunquismo italiano militó contra la partidocracia de posguerra, en la actualidad los libertarios contra la casta política y el Estado interventor.
El insulto como acto cualunque: las giras internacionales y la estética del exabrupto
Si en la Italia de 1945 el cualunquismo se expresaba a través de la sátira periodística, en la Argentina del siglo XXI se manifiesta mediante la agresión verbal directa desde la cúspide del Estado.
El comportamiento de Javier Milei en sus intervenciones públicas —con un claro ejemplo en sus giras y visitas a España, donde vertió insultos directos hacia presidentes, dirigentes locales, periodistas e intelectuales— constituye la escenificación perfecta del acto cualunque.
Lejos de tratarse de descuidos diplomáticos o «errores de protocolo», el exabrupto y la chabacanería son utilizados deliberadamente como herramientas de validación política. El mensaje implícito busca conectar con el resentimiento del votante, el discurso libertario es polarizante y violento, cuyas ofensas personales se brindan en el debate público, volviéndose uan cacería despiadada en redes.
Para esto es necesaro- Desmitifica la investidura: Romper las formas diplomáticas para mostrarse «auténtico» y no filtrado por la corrección política. Humilla al interlocutor: esto lo hace para Sustituir el debate de ideas por el agravio personal. Y finalmente validar la incompetencia, convertir la falta de modales y de diplomacia en una prueba de que no se pertenece al «sistema».
«Gusano, sinvergüenza y falsificador» le habría dicho Giannini a Palmiro Togliatti uno de los principales dirigentes del Partido Comunista, términos que podrian haber estado en la boca del Presidente; Milei desbocado y el libertarianismo con su troupe de advenedizos forman un Neocualunquismo en el siglo XXI.





