DIEGO MARADONA: EL ZAHORÍ

por | Oct 30, 2026

Zahoríes son aquellos que buscan agua, corrientes o reservas subterráneas, mediante herramientas como una varilla hecha de ramas. También se los llama rabdomantes. Vale decir que un zahorí no solo ve lo que no está a la vista: al descubrirlo, pone en marcha una transformación. No solamente descubre; además manifiesta la potencia del paisaje. Lo (re)crea.


Podríamos postular a Diego Maradona como Zahorí. La mayúscula obedece a que la intención de estas líneas es señalar que su función de verdadero mito moderno, su poder de dios, consiste en intuir significados que otros no advierten y, en algunos casos, replantear o alterar la lectura de los hechos impuesta por el orden establecido. Intuiciones, acciones, denuncias y contradicciones que muchas veces tienen derivaciones que exceden con mucho la intención de Diego. Debió asumir un destino que lo puso de frente a su atributo sobrehumano. Algo que, por cierto, no lo hace objeto de envidia.
Veamos dónde nos lleva la idea.


“Yo me equivoqué y pagué. Pero la pelota… la pelota no se mancha”, expresa Diego Maradona, ante una Bombonera, colmada. Pensadores de todo linaje, durante siglos, han trabajado la idea de lo sagrado y lo profano. En un puñadito de palabras y ante una multitud, Diego improvisa una síntesis notable. Los errores y defecciones de un hombre no pueden ensuciar lo que es noble. O, una interpretación acaso antojadiza: un llamado a no manchar lo único sagrado que el juego tiene. En cualquier caso, un mandamiento que bien puede ser tallado en el pedestal del monumento maradoniano.


¿Qué nos dice la síntesis futbolera de hacer un gol con la mano y enseguida el más hermoso de la historia? Un gol con la mano, que en nuestra tierra es apenas una picardía que normalmente se festeja, es para el orgullo imperial inglés una afrenta a lo que proclama como valores morales superiores y universales. Luego, la belleza pura para someter a los que aún suponen —ellos sabrán— que crearon el juego cuando no hicieron más que inventarlo… Esto se dijo hasta el cansancio. Más aún, se puede leer la épica del triunfo argentino en la semifinal del último mundial bajo la luz de aquellas maravillas de Diego.

«Diego improvisa una síntesis notable. Los errores y defecciones de un hombre no pueden ensuciar lo que es noble. O, una interpretación acaso antojadiza: un llamado a no manchar lo único sagrado que el juego tiene».

DIEGO JOY. PERIODISMO EN JAQUE.

El significado de la remontada y, más aún, el de la bandera reivindicatoria se apoyan en el profundo sentimiento malvinero del pueblo argentino que Maradona contribuyó a potenciar y sostener en aquel Argentina-Inglaterra, entre muchos otros momentos históricos. Hay un hilo conductor muy evidente entre ambos partidos y fue Diego un abanderado fundamental para que cualquier partido entre ambas selecciones se considere causa nacional.
“Se le escapó la tortuga”. Un embajador yanqui pone a los servicios de inteligencia y su custodia a buscar una tortuga —¡¡¡una tortuga!!!— que se le perdió al hijo. En cinco palabras Diego exhibió la monumental estupidez de algunos que se creen los dueños del mundo al mismo tiempo que fijó en la memoria popular un nuevo dicho para todos los tiempos.


Maradona nace como mito, qué duda cabe, aquel 22 de junio de 1986 en el partido ante Inglaterra. Pero hay una fecha y un acto que lo preanuncia como a Jesús, si me permiten el sacrilegio, cuando departe con los doctores de la Ley: el 20 de octubre de 1976 debuta en Primera División. Su entrenador le sugiere que, ni bien pueda, tire un caño y Diego —cómo no— le hace caso apenas tiene la oportunidad. La anunciación de Diego Armando Maradona al mundo. Un caño, para quien no es futbolero, es una de las destrezas más hermosas y celebradas que tiene el juego del fútbol. Diego avisa en esa acción que es diferente, que está destinado.


Así podríamos seguir. Actos y palabras de Diego con los que encontró agua para transformar un desierto en vergel. Y con un pueblo sensible que se dispone a abrevar en ese nuevo mundo que se le ofrece.

El Diego desobediente, extravagante, rebelde, contradictorio, talentoso, profundo, tierno. El Diego, que no solamente se equivocó y pagó, sino que asumió —con fiereza y con el cuero siempre dispuesto— los costos del don maravilloso y trágico con el que llegó.

El Diego zahorí que ve lo que otros no ven, que inaugura una posibilidad que no existía. El Diego mito que estructura nuestra identidad, que nos habilita y nos valora. Ese Diego nació un 30 de octubre de 1960 y vivirá mientras exista ese otro mito inexplicable y hermoso que llamamos Argentina.

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